NO

“Sirva este medio para hacer de su conocimiento que su solicitud de ingreso NO ha sido aceptada. La decisión del Comité Académico es inapelable.”
Dos, tres líneas que cambian mi vida al NO cambiar absolutamente nada.
Cuando decidí aplicar a una maestría en el exterior, a inicios de febrero: mi parte racional me dijo que no lo hiciera público, que no me creara expectativas, que este proceso tenía las mismas posibilidades de ser negativo que positivo.
Primero revisé los programas de cada universidad, los planes de estudio, los requisitos…. Hasta que la encontré, encontré una maestría que reunía: si no todos, la mayoría de los elementos que quiero para mi futuro profesional. ¿Cuáles son los requisitos? ¿Qué necesito? ¿Cuanto tiempo tengo?
Y en todo el proceso de buscar documentos: ir a la UCA, ir al Bautista, ir a Cancillería, pedir permiso en la oficina para llegar tarde o para salir; y el proceso de llegar hasta la madrugada trabajando en el proyecto de investigación… Resulta que más y más y más gente se fue dando cuenta… De repente lo estaba compartiendo con mis compañeras de colectiva vía Facebook, de repente se lo estaba contando a una ex compañera de secundaría a quién no había visto en diez años.
Porque una vez que una empieza a recibir la aprobación de lxs demás, es difícil parar. Me encantaba (encanta) escuchar esos: “Seguro te la dan”, “Cuando estés allá, te visito”, “¿cómo no te van a aceptar?”…. Y yo ahí, con mi mecanismo de defensa activado: la falsa modestia, repitiendo vez tras vez: “Sí me aceptan”, “Sí me dan la beca”….
Después de 15 correos electrónicos, 2 sesiones de Skype, un envío de UPS, un examen de tres horas y una entrevista de 40 minutos: no fui aceptada.
Y los últimos cinco meses de anticipación, de expectativas, de esperanzas… Se fueron a la porra, como dice mi primo de seis años.
¡Qué ingenua! Mi historial de navegación y los favoritos de mi navegador son prueba del nivel de expectativas: búsqueda de apartamentos, cambio de moneda, calendario de actividades culturales de la universidad, grupos feministas locales…. No quería gastar. Huí de los compromisos a largo plazo.
No voy a negar que lo primero que hice cuando recibí el correo fue hablar con mi madre y llorar a mares… Y todas las palabras de ánimo que recibí me hicieron llorar aún más.  Y agradezco todas esas palabras; pero lo que sentí ese día y los días siguientes fue un maremoto de compasión y lastima. Y me ahogué en auto compasión…
Escribo esto y me da risa; a penas recibí la negativa este lunes 23, no ha pasado ni una semana. No sé si ya pasé las etapas del luto: probablemente no. Lo que sé es lo siguiente: duele, pero ahora me toca recoger mis ilusiones y buscar que hacer. La vida no se detiene por un NO.

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